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Mil, y una…

Gritaban mil amazonas
en caballos desbocados,
que un terrateniente muere
sobre un camino enfangado.

Y un cadalso, se recorta
en un cielo acarminado,
de donde un obrero pende
y al viento balanceado.

Maldigo el flujo granate
que los campos inundaron
maculando sementeras
con surcos de mil arados.

Y maldigo aquellas celdas,
con presos encadenados
que no han podido sembrar
lo campos de ellos labrados.

Mil humildes golondrinas
han abandonado el campo
camuflándose enlutadas,
y lloran junto al cadalso.

He colgado mil crespones,
y enciendo mil candelabros
preparando el velatorio.
Y cubro con hojas muertas
los campos decapitados.

Y en la prensa sale escrito
un corto comunicado:

“Fue del bárbaro de Aníbal,
la degollina sangrienta
de aquellos ajornalados”.

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