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Jardín de amor

Era -de mi jardín- fruto preciado
la rosa de mi amor, tan blanca y pura…
Y se acercó tu mano con dulzura,
para cortar, mi dije más amado.

Y agresiva clavó en tu fino dedo,
de su tallo, la espina defensora,
que mancilló a mi bella receptora,
al retirar tu mano con denuedo.

En un jardín de amor, cuando es privado,
nunca habrás de intentar poner señuelos,
que es osado pisar en cierto suelos.
Y si lo haces, pondrás sumo cuidado.

Así, puede pasar que sufras duelo,
y el placer de ese amor tan anhelado,
se transforme en un trance desmadrado
con dolores y llantos sin consuelo.

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