A Federico García Lorca

¿Qué sombra con fusil y con canana
vino a plantar el llanto en los olivos
inmolando a los versos que cautivos
esperaban la luz de su mañana?

¿Qué luna golpeando en su ventana
le llamó desde el reino de los vivos
para anular sus sueños creativos
y robarnos su juventud lozana?

El, le cantó a su luna sin perfidia;
y ella, le abrió las puertas del chiquero
al morlaco fatal de oscura lidia.

Fue así la apoteosis de un torero
que en un quiebro, el mal toro de la envidia,
lo ensalzó con su lance más certero.