A Rafael López Monge

Se siente el galopar de la mañana
sobre la dura piedra y blanda arcilla
que cubren con su manto la semilla
de tu historia y cultura más arcana;

y del cauce de un río a la besana,
sales fiel a buscar la maravilla
de una tierra, que altiva, cual sencilla,
te revela su parte más humana.

Y yo, que soy un árbol de este valle,
al valorar tu afán serio y discreto,
no impediré de mi lengua el restalle,

y escribo con orgullo este soneto.
Espero que tu afán nunca desmaye
y puedas siempre hallar un nuevo reto.