Qué embrujo

¿En qué mañana las flores grabaron
sobre tu piel con rocíos tempranos,
esos aromas y efluvios lejanos
que mi yacente ilusión despertaron?

¿Qué noche fue que los astros bajaron
para dejar en tus ojos, ufanos,
el esplendor que los dioses arcanos
tantos siglos para ti custodiaron?

Si un conjuro tu ser ha poseído
con la premisa tan solo de atarme,
doy por cierto que lo haya conseguido.

Porque de ti no podré separarme.
Y aunque mil veces buscase tu olvido,
otras tantas, lograrías atarme.