Sonetísimo

Es un alfange, el viento de este otoño
que tan vilmente cercenar quisiera
los sueños de mi tierna primavera
sin dejar rastros de espora o retoño.

¡Mas yo pérfidamente lo emponzoño!
Y al quedar de su muerte en la ribera,
le concedo a mi edad, de esta manera,
gustar de nuevo el fruto del madroño.

Que, “nunca es tarde si la dicha es buena”
reza un dicho de sobras conocido
y que se asigna a la vejez, si es plena.

Porque, aunque el traje esté descolorido,
en su interior conserva la onda buena
de las épocas de oro que ha vivido.