Soneto a Bocairente

De la cumbre, resbala en su ladera
con Mariola por madre y protectora.
De  dos ríos es digna paridora
que  proclaman sus cauces cual señera.

De nieve se desviste en primavera 
en la pujanza del verde por su hora.
Y va, la Real Villa, de señora,
coronada en la historia; sin quimera.

Con envidia la mira el petirrojo
que en la baja espesura se alimenta.
Y el águila real, no pierde de ojo

a la torre que ahuyenta la tormenta,
cuando San Blas, contempla sin enojo
a esa cigüeña, que su nido avienta.