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Preludio

 

Sobre mi espalda resbala
la noche oscura. En silencio.
Y en el árbol de mi vida
filtra en sus ramas el viento
haciendo temblar sus hojas
como pergaminos viejos.

Quién diría que fue verde
y frondoso en otros tiempos,
y que le dio sombra fresca
al camino polvoriento.
Esto… Ni yo, lo recuerdo.
La añoranza ya perdida
en la noche de los tiempos,
busca amarrar su montura
en el túnel del silencio.

Pupilas que ayer lucieran.
Ojos que buscaban cielos
de color azul patente
con corazones de fuego
y que descansan hoy, tristes,
detrás de puertas de yerro.

Voy preguntando a los montes:
¿Dónde se esconden los sueños?
Y siluetas puntiagudas
me responden con silencios.

Guijarros, piedras, espinos.
Momias que ayer flores fueron,
y que hoy, reposan inertes
en paraísos de muertos.

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Lamento

Un silbido en el viento.
Eso es, la voz del poeta
que se esparce en el cielo
como polvo de estrellas.

¿Quién tiene la llave
de aquella puerta?

Del profundo de un alma
la pura verdad fluye.
¡Inquisidor diabólico,
deja que nos arrulle!

Ventanal obscuro.
Meseta yerta.

De las fuentes eternas
las verdades más claras.
¡Que beba todo el mundo
y se desborde el alba!

Ilusión y esperanza.
Eterna herencia.

Papel sobre papeles.
Manchas de tinta negra.
Denuncias y anhelos
del corazón que sangra.

¡Abrid todas las puerta
qué entren las luces claras!