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Más de más

Hoy escucho esa voz melodiosa
que agilmente transportan los aires,
y que entona una dulce sonata
evocando, los años fugaces…

Esos años de viejas cadencias
que eran años de duros trabajos.
Eran tiempos que el viento escondía
los secretos, las risas, los llantos.

Hubo días de un gozo infinito
que te hacían soñar vida larga.
Y hubo aquellos, oscuros y fríos,
donde el ansia de vivir, naufraga.

Pero, pasa todo, y todo llega.
Sin olvidar, la vida perdona.
Finge a veces ser sorda y ser ciega
y en su curso sigue rezonglona.

En su seno busca los recuerdos
que nos manda entre las dulces brisas,
y que a veces, son púas y cardos,
que entre frondas sedosas matiza.

Ya no están los hermanos. Ni padres.
Ni amigos de juegos inquietos.
Solo quedan las doradas tardes.
Lo que en ellas vivía, ya ha muerto.

Dulcemente nos lleva el sentido
a pensar que eran tiempos mejores.
¡Qué hábilmente nos borra el olvido
las pasadas penas y dolores!

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En el espejo del sueño

En el espejo del sueño
duermen todas las pupilas.
Aquellas que están sin dueño.
Azules, negras, trigueñas,
y esas de color etéreo
que te escrutan las entrañas.

¿Por qué vienes a buscarme
sin un motivo concreto?
Tu sabes que en las distancias
se ven los sueños más bellos.

Sobre los hombros del aire
un niño se está meciendo,
y San Cristobal, sujeta
en sus ojos dos luceros.
En las veletas se secan
ristras de rojos pimientos
mientras cantan un tedeum
las clarisas del convento.

¿Aún te encuentras aquí
colgada sobre la nada?
Yo me esconderé en los mares,
y dejaré mis pupilas
que el sueño las pula, al aire.

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Mil, y una…

Gritaban mil amazonas
en caballos desbocados,
que un terrateniente muere
sobre un camino enfangado.

Y un cadalso, se recorta
en un cielo acarminado,
de donde un obrero pende
y al viento balanceado.

Maldigo el flujo granate
que los campos inundaron
maculando sementeras
con surcos de mil arados.

Y maldigo aquellas celdas,
con presos encadenados
que no han podido sembrar
lo campos de ellos labrados.

Mil humildes golondrinas
han abandonado el campo
camuflándose enlutadas,
y lloran junto al cadalso.

He colgado mil crespones,
y enciendo mil candelabros
preparando el velatorio.
Y cubro con hojas muertas
los campos decapitados.

Y en la prensa sale escrito
un corto comunicado:

“Fue del bárbaro de Aníbal,
la degollina sangrienta
de aquellos ajornalados”.