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Sucedió en Córdoba

La sierra viste de blanco,
y Códoba se despierta
entre suspiros alados
con una fragancia inquieta.

¿Qué será, qué no ha de ser?
-Toda la corte comenta-,
e invaden plazas y calles
para contemplar la sierra.

Nevados lucen los campos
bajando por las laderas.
Dulce perfume se extiende
que el aire trae a la vega.

¡Mentira, que no es la nieve!
Que son aboles de almendras
florecidos, y sus pétalos,
hacen parecer que nieva.

La nueva ciudad de ensueño
abre sus puertas más bellas
por donde sale a caballo
su más refulgente estrella

Zahra, vestida de blanco,
sobre las ancas de Al-Jur,
cuenta pétalos de almendro
bajo un refulgente azul,

y Abderramán ha subido
a una torre palaciega,
para admirar la visión
de su más preciada perla.

Y en la sierra, por la noche
cuando la luna es de plata,
se pueden ver los espectros
del Califa con su amada
subiendo por un sendero
hasta las rocas mas altas,
para contemplar unidos
la hermosa ciudad soñada.

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Jardín de amor

Era -de mi jardín- fruto preciado
la rosa de mi amor, tan blanca y pura…
Y se acercó tu mano con dulzura,
para cortar, mi dije más amado.

Y agresiva clavó en tu fino dedo,
de su tallo, la espina defensora,
que mancilló a mi bella receptora,
al retirar tu mano con denuedo.

En un jardín de amor, cuando es privado,
nunca habrás de intentar poner señuelos,
que es osado pisar en cierto suelos.
Y si lo haces, pondrás sumo cuidado.

Así, puede pasar que sufras duelo,
y el placer de ese amor tan anhelado,
se transforme en un trance desmadrado
con dolores y llantos sin consuelo.

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Más de más

Hoy escucho esa voz melodiosa
que agilmente transportan los aires,
y que entona una dulce sonata
evocando, los años fugaces…

Esos años de viejas cadencias
que eran años de duros trabajos.
Eran tiempos que el viento escondía
los secretos, las risas, los llantos.

Hubo días de un gozo infinito
que te hacían soñar vida larga.
Y hubo aquellos, oscuros y fríos,
donde el ansia de vivir, naufraga.

Pero, pasa todo, y todo llega.
Sin olvidar, la vida perdona.
Finge a veces ser sorda y ser ciega
y en su curso sigue rezonglona.

En su seno busca los recuerdos
que nos manda entre las dulces brisas,
y que a veces, son púas y cardos,
que entre frondas sedosas matiza.

Ya no están los hermanos. Ni padres.
Ni amigos de juegos inquietos.
Solo quedan las doradas tardes.
Lo que en ellas vivía, ya ha muerto.

Dulcemente nos lleva el sentido
a pensar que eran tiempos mejores.
¡Qué hábilmente nos borra el olvido
las pasadas penas y dolores!