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Mariposicidio

En un bello y verde prado
había una mariposa,
que vivía en un rosal,
en un hueco protegido
al cobijo de una rosa.
La flor de color rubí,
lucía en su tallo ufana,
con su embriagador aroma
desde que salía el sol,
hasta que volvía a ocultarse
con el caer de la tarde
tras una cercana loma.
La sencilla mariposa
de nacarado blancor,
traía polen de lavanda,
y con delicado vuelo
armonioso y elegante,
lo ponía sobre la flor.
Así pasaban los días
en un cándido romance,
que no percata malicia,
que da lo que tiene y basta
sin querer medir su alcance.
En una alegre mañana
en la que se alzaba el sol,
se alejó la mariposa
para recolectar polen,
y con el amor de siempre
ofrecérselo a su flor.
La infeliz en su alegría,
volaba despreocupada
del peligro que la vida
como a todo ser que es bueno
para ella reservaba.
Correteando por el prado
un niño jugueteaba
con un cazamariposas,
y con aquel artefacto,
cazó, sin tener escrúpulo,
y luego sacrificó
a la amante de la rosa.
La flor al llegar la tarde
y ver que su amor faltaba,
vertió su más rojo llanto,
y empezó a desvanecer
transida y desconsolada.
Y al llegar la mañana,
se encontró junto al rosal
unas cuantas hojas muertas,
macilentas y arrugadas.
Secas de tanto llorar.