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Romance de mi origen

Vengo de los dulces montes
donde crecen las sonrisas
-pudiendo soñar despierto-
¡Oh, que bellas margaritas!

Allí, la luna en su alcoba,
mira montañas lejanas
y matiza en finos tonos
los brillos de claras aguas.

Y yo, bajo su ventana,
contemplo difusas luces
de un pueblo en la lontananza
y que la noche ha vestido,
de una tunica escarlata.

¡Señores, yo soy de arriba!
Donde nacen los amores.
Donde el público es alado
y los poetas son flores.

Una abeja, aplaude el verso
de una margarita agreste,
y un abejaruco tiembla
con los de un lirio silvestre.

Qué bello, y cuanta harmonía.
¡Es un bacanal campestre!

El viento escribe el romance
que viven, la madreselva
y el fino galán de noche,
junto al quicio de una puerta.

Y yo, recojo los versos
y los meto en una cesta.

¡Por Dios, que nadie los toque,
que son mi única riqueza!

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E maltrecho

¿No ves que traigo una herida?
Déjame el portón abierto.

Hoy traigo tres rosas grana
desangrándose en mi pecho,
y mi amor ya se amortaja.
Cubierto de un negro velo
vaga en el espacio, inerte
queriendo encontrar un cielo
donde le curen las llagas.

¡Déjame el portón abierto!

Déjame abierta la entrada
a tu torre de silencio.
Porque una cigüeña alada
que me viene protegiendo,
quiere su nido montar
por encima de tu techo
para que no sepa nadie
donde se oculta el maltrecho.

¡Por favor! Abre tu espacio.
Déjame el portón abierto!