A Marcos

Mi hijo

Vara de mimbre y junco en la ribera
del caudal que a mi sangre fluye y vierte.
Bulbo agreste, que en lirio se convierte
cada vez con la nueva primavera.

Cual profeta que un nuevo augurio espera
se fundió con su cepa, firme y fuerte, 
y amando estirpe y patria, de tal suerte,
que abdicó, de su cuna. La primera.

Flor preciada y orgullo de mi vida.
Trigo dorado. Amada sementera.
Puño de hierro de un alma dolorida.

Velero que este mar surcar quisiera
hasta encontrar la tierra prometida,
con la verdad delante y por bandera.