Cruda realidad

Fue el cardo de la vida sin piedad
que hirió la delicada flor del sueño,
desgarrando sus tules con desdeño
le mostró la cruda realidad.

Y al despertar la tierna pubertad
luchó por altas metas con empeño;
y en un mundo tan grande, cual pequeño,
no pudo enamorar a la igualdad.

Y ella inclina llorando todavía
la cabeza en su pecho con dolor
al recordar la flor que antes tenía.

Que el tiempo nunca trata con amor
los sueños, la belleza o la armonía,
pero es pródigo en cardos de dolor.