(A Federico García Lorca)
Vuelva la historia a recordar sin llanto
al que la tierra sepultó con duelo.
Al que escribió mil sueños, y alzó el vuelo,
al cortarle las alas con espanto.
Vuelva el verano a recobrar el canto
de la cigarra en el agreste suelo,
para ser del olivo cruel consuelo
en las tardes con cielo de amaranto.
Que no se rasgue más ni una camisa
por tal crimen, el pueblo del gitano,
que este duelo se pule con la brisa.
Fecundó la dehesa con el grano
que sembró en juventud, y a toda prisa,
por gracia de su mente, y de su mano.